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El Cocinero Chiribico (cuento)

Libro Almanaque 1969

En tiempos muy antiguos, un señor muy rico cazó una garza tierna y sabrosa. La llevó donde su cocinero que se llamaba Chiribico. Le pidió que la tuviera lista para la noche porque tenía invitados a comer.

Con todo cuidado empezó el buen Chiribico su trabajo. Algunas horas después, salía de la cocina un olor que invitaba a comer.

Aniceta, la novia de Chiribico, pasó cerca de ahí, y al sentir aquel delicioso y apetitoso olor entró y preguntó:

-Chiribico, ¿qué cosa estás cocinando que así huele?

Sin esperar respuesta, destapó la olla, y al ver el ave se empeñó en que le diera una pata.

-Eso sí que no, Aniceta, eso sí que no -contestó Chiribico.

Grande fue el enojo de Aniceta.

-Si no me das la pata, no te volveré a hablar nunca más -le dijo.

Grande fue también el apuro del pobre Chiribico. Por un lado temía la cólera de su señor, pero por otro lado, quería complacer a su novia.

Cuando Aniceta abrió la puerta para irse, Chiribico, tomando el muslo de la garza, le dijo:

-Toma, Aniceta, cómetelo. Por ti soportaré la cólera de mi señor.

Al llegar la noche, la mesa del señor estaba servida. Había muchos invitados. El señor les hablaba de la garza que pronto serviría su buen cocinero Chiribico.

Chiribico, que en ese momento llegaba a la mesa con la garza, casi se cae del susto.

El señor tomó el platón, y al servir a sus invitados, notó la falta de una pata.

-Chiribico, gran tragón, ¿dónde está el otro muslo de la garza? -preguntó muy enojado.

 -Es que, señor -contestó el pobre Chiribico con un temblor en la voz - ¿no se ha fijado usted que hay garzas que sólo tienen una pata?

-¿Cómo que sólo tienen una pata? -dijo aún más bravo.

-Pues verá; sí, señor. Si quiere mañana vamos al campo y se lo demostraré.

-Está bien -dijo el señor, que no quería una discusión muy larga delante de sus invitados. -Mañana iremos al campo a ver esas garzas. Pero te advierto que de no ser así, recibirás cien azotes por mentiroso y tragón.

A la mañana siguiente salieron el pobre Chiribico y su señor al campo. Caminaron largo rato. De pronto, a lo lejos, junto a un estanque, vieron una bandada de garzas descansando. Como es costumbre en ellas, estaban paradas sobre una pata, de manera que la otra no se les veía.

-Mire usted, señor -gritó feliz Chiribico -¿ve usted cómo las garzas sólo una pata tienen?

-Espérate, mentiroso, ya verás -dijo el señor acercándose a las garzas y gritándoles: "jo-jo"

Desde luego, las garzas asustadas sacaron su otra pata y salieron corriendo.

-Ahora sí, tragón, ¿tienen una pata o dos?

Chiribico no se quedó callado:

-Qué gracia señor, lo que pasa es que usted a la garza que se comió anoche no le hizo "jo-jo". Apuesto a que si le hubiera hecho "jo-jo", también habría sacado su otra pata.

Al señor le hizo tanta gracia esta respuesta, que su enojo se le fue en risas y contestó:

-Tienes razón, Chiribico.

Y así fue como, gracias a su respuesta, se salvó Chiribico de los azotes y volvió a hacer las paces con su señor.

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